Cada vez que dicto una conferencia para padres en diferentes lugares del país, acostumbro hacer una evaluación para recoger las inquietudes de los asistentes y sacar algunas conclusiones.
Estas reflexiones que les comparto y que seguramente repito con frecuencia en mis escritos, en la consulta o en las charlas que tengo habitualmente con las familias, reflejan el sentir de una gran mayoría de padres y madres, pero también pueden contribuir a comprender nuestro rol en la educación de los hijos de una manera más tranquila y eficaz.
Es cierto que educar hijos en estos tiempos es una de las tareas más difíciles. Indudablemente, los esquemas de formación han variado y tratar de formarlos como lo hicieron nuestros padres con nosotros ya no es efectivo. Hoy son pocas las certezas que puede tener un padre y muchas las dudas con respecto a la buena educación de sus hijos.
Con frecuencia, en la práctica el deseo de hacer lo mejor para ellos se traduce en una permanente vacilación sobre lo que debemos hacer frente a cada situación que se presenta en la vida familiar. Si sancionamos o no, si establecemos límites o decidimos que si, si prohibimos o permitimos; vivimos en el constante dilema entre lo que es bueno y es malo, lo que debe hacerse y lo que no, lo que se debe o no exigir a nuestros hijos.
Es una realidad que los niños de hoy en día están expuestos a grandes y acelerados cambios que van desde crecer en hogares donde ambos padres trabajan, convivir en un ambiente donde están presentes la droga y el alcohol hasta el impacto de los grandes descubrimientos tecnológicos como la internet y los videojuegos. Por otro lado, la influencia que ejercen los medios de comunicación es cada vez más impactante y la exigencia más alta por alcanzar modelos ideales de belleza, poder, dinero, éxito y fama. Estas circunstancias, entre otras, están llevando a que los padres se cuestionen y sientan inseguridad y angustia sobre la manera en que están educando a sus hijos.
La frase que dice que “los papás no vienen con el manual debajo del brazo” cobra en este contexto una gran validez. Los padres necesitamos ayuda y apoyo que nos permita encontrar respuestas y soluciones para enfrentar exitosamente este gran desafío. Una de ellas es abrirse a aprender y capacitarse para ser mejores padres. Aunque a veces no lo veamos tan claramente, son muchas las maneras a través de las cuales pueden desarrollarse habilidades para transmitir valores, inculcar hábitos, fortalecer la autoestima, corregir comportamientos y establecer relaciones buenas y sanas con los hijos.
Compartir experiencias con otros padres, conocer los nuevos descubrimientos de la psicología infantil, retomar elementos de la educación dada por nuestros padres, aprender de los errores y aciertos de los otros, conocer a nuestros hijos, pero sobre todo lo anterior, confiar en nuestras capacidades como adultos, en nuestras intuiciones y sentido común, son fuentes de riqueza y sabiduría a las que un padre puede acudir y consultar.
Por ejemplo, conocer los comportamientos, sentimientos y actitudes de cada etapa del desarrollo de un niño, así como las demandas que estos momentos plantea a los padres, es un valioso recurso para manejar con éxito las diferentes situaciones que se van presentando.
Es importante comprender como los primeros años los niños comienzan a descubrir el funcionamiento de sus cuerpo, a reconocer a los seres que quieren, a adquirir hábitos, o a decir sus primeras palabras; en la edad pre- escolar compartir con otros de su misma edad, comunicarse adecuadamente e iniciar sus aprendizajes formales, constituyen características importantes.
Reconocer la importancia que los pre-adolescentes le dan a los amigos, sumado los cambios físicos que comienzan a aparecer. De la misma manera entender las dudas existenciales, los silencios, los cambios de humor y las rebeldías de la adolescencia nos prepara para asumir con tranquilidad y flexibilidad las vivencias características que hacen de cada una de estas etapas momentos únicos, irrepetibles y maravillosos.
Quisiera terminar diciendo que aunque es verdad que educar y formar a los hijos a veces resulta difícil, esto no quiere decir que la crianza tenga que ser una pesada carga que debemos que llevar acuestas. Los hijos pueden ser una fuente inmensa de placer y satisfacción si los padres despliegan su sensibilidad, intuición, capacidad para aprender, paciencia y todo su amor. No se trata de ser padres perfectos, una aspiración amorosa y realista es la de intentar ser buenos padres esforzándose cada día por estrechar los vínculos de afecto y cariño con los hijos.
María Elena López Jordán
Psicóloga de Familia
Inteligenciafamiliar@gmail.com
