Algunos municipios quindianos están pasando por un mal momento; el espacio público anarquizado, la inseguridad dejando mucho que desear, el desempleo galopante y la politiquería haciendo estragos, como que hay alcaldes que están “totoatolondrados”.
La situación es en ciertos casos preocupante y da lugar a pensar en la necesidad de reconducir a los municipios, llevarlos a donde estaban hace algún tiempo y arrancar de nuevo, componer el sistema, buscar la manera de una reconciliación entre los habitantes y las administraciones, objetivo que será posible encontrar en la medida en que los electores reaccionen reprochando y censurando inmoralidades, condenando el incumplimiento de los deberes y sancionando desde el civismo de los ciudadanos las conductas con las que han sido desactivados los valores éticos y morales. Los ciudadanos tienen derecho a exigir que el patrimonio integral de los municipios se mantenga incólume en todos los actos de la administración pública municipalista del Quindío.
Con motivo de los 20 años del diario La Crónica del Quindío nuestro equipo periodístico ha reanudado el ciclo de visitas iniciado desde el 2008, con el propósito de conocer de los señores alcaldes y de los funcionarios en general de los municipios, los programas y planes oficiales. Con el apoyo de la Fundación para el Desarrollo del Quindío han sido identificados los pros y los contras de los municipios y con máxima claridad el cumplimiento en algunos casos de los programas de gobierno y/o el incumplimiento de otros.
La idea es obrar con absoluta imparcialidad y con un solo objetivo, servir y defender los intereses de cada cabecera quindiana. Sin compromiso político partidista con nadie y de ninguna naturaleza. Comprometidos sólo con el interés de un desarrollo integral que necesita el departamento en general; para que su progreso —el de los doce municipios del Quindío— sea seguro y tempranero; compartiendo las ideas de todos aquellos líderes cívicos y sociales con norte trazado y moldeado en los propósitos de prosperidad social de los más de 450 mil habitantes del Quindío.
Montenegro es uno de los municipios atomizados del departamento, con partículas de problemas que van desde la inseguridad agobiante, hasta el aumento diario de la violencia producida por el microtráfico. Es víctima de la politiquería, de la falta de sentido de pertenencia, del ausentismo total del civismo.
Está afectado el municipio por el desinterés de recuperar al municipio de las garras indolentes de la corrupción que camina por el país en general. Montenegro por toda su historia, especialmente por su presencia cultural y económica en la vida del Quindío antes cuando los municipios de este territorio pertenecían a Caldas y después, a partir del nacimiento del departamento en julio de 1966, ha mostrado con orgullo a sustantivos valores humanos; hombres que han dejado en el tiempo rastros luminosos, modeladores de espíritus, hombres y mujeres ejemplo de apostolado y que han escrito valiosas páginas en la historia de su mejores tiempos, sin embargo, Montenegro pasa momentos difíciles.
El municipio es un pequeño estado cantinero en donde resulta fácil conseguir permiso oficial para cualquier cosa. La falta de sentido de pertenencia es absoluta y se expresa a las claras a través de conductas particulares mediante actuaciones como las de quienes adquieren botellas de licor en cualquier ventanilla de la población y después las explotan en las calles como forma de satisfacer menores apetitos vandálicos. Los andenes del centro de la población se emplean como orinales públicos, sin embargo las normas de policía no se hacen cumplir.
El aseo público no logra garantizar la buena presentación del municipio, porque mientras los trabajadores contratados por la administración cumplen con su deber, los transeúntes indolentes, esto es, inactivos, descuidados, perezosos para servir al municipio, lo ensucian y afean. Las paredes de las fachadas pertenecientes a las edificaciones públicas y residenciales, son orinales de la gente ruin, de los canallas para quienes no hay autoridad porque en el municipio se impone la anarquía. En Montenegro es común oír decir, que el municipio está ¡totoatolondrado”