El microtráfico le está causando al país serios dolores de cabeza. Hace unas décadas en Colombia se refugiaban grandes capos de la mafia y al Quindío le tocó su parte.
El caso Ledher fue doloroso porque involucró a gente de una generación joven con puesto en la sociedad quindiana aunque a decir verdad nunca de Carlos Ledher Rivas se dijo que fuera un matón, patrón de sicarios o responsable de asesinatos como lo fueron Pablo Escobar y sus homólogos de esa misma época en otras regiones del país. Sus principales celebridades en el Quindío fueron La Posada Alemana, Cebú Quindío, como empresa inversionista y comercial, el regalo de un avión que le hizo al departamento, el Piper modelo 68 navajo, serial 31-196 N50RK de color blanco y que dijo tener matriculado en USA y por supuesto, su participación en política como el máximo líder del Movimiento Latino Nacional. Cuando Ledher superó la cifra de los 10 mil votos en el Quindío puso a sudar frío a los jefes de los partidos tradicionales en el departamento.
El político Carlos Alberto Oviedo Alfaro asesinado en Armenia meses después de haber recobrado su libertad provisional hizo andanzas delictivas a partir del narcotráfico, primero desde su condición de abogado y después porque decidió estar en los cuadros del crimen que lo llevaron a los estrados judiciales hasta la condena por un caso de homicidio que conmovió a la sociedad quindiana. Resultó doloroso todo lo que al Quindío le tocó vivir por cuenta de Oviedo, elegido por los conservadores representante a la Cámara y acogido por los gobernantes de su tiempo para que participara como aliado en la composición de los cuadros burocráticos de la política quindiana.
De la región surgieron peligrosos sujetos que participaron en las organizaciones criminales y aunque aquí menos que en la costa, el Pacífico colombiano, la zona oriental del país, el Valle etc, de todos modos el narcotráfico ha funcionado y no poco en el departamento. El Quindío no ha estado exento de las organizaciones del narcotráfico; al departamento le tocó una parte del ruido hotelero. Jaime Alberto Marín alias ‘Beto’ construyó el hotel Las Heliconias en el municipio de Quimbaya, y el cartel del norte del Valle con Germán Gómez como testaferro levantó Las Gaviotas, ambos hoteles hoy bajo la custodia de Estupefacientes.
La lista de bienes expropiados al narcotráfico es grande en el Quindío y el hecho se constituye en el mayor indicio de todo lo que ha girado alrededor del narcotráfico en esta región del país. La situación de ahora en Armenia y municipios del departamento que han venido con una afectación superior a otras regiones del país por el microtráfico, se presenta porque aquí ha funcionado la industria criminal del narcotráfico desde hace mucho tiempo. De modo que al Quindío le ha tocado “llevar del bulto” como se dice popularmente desde cuando el país se vio enfrentado —en los peores tiempos de su historia— a la multipolarización de fuerzas violentas, cuando los narcos se arrogaron la administración de justicia que tantas veces aplicaron con sus propios jueces y que ejecutaron con sus propias organizaciones sicariales. En los últimos cuatro meses se han presentado dos capturas importantes en Venezuela, la de Jaime Alberto Marín —alias ‘Beto’— capturado en septiembre pasado señalado de haber heredado parte del patrimonio de capos capturados por organismos internacionales y ahora por cuenta de la justicia de Estados Unidos. Hace una semana se capturó también en Venezuela a Gloria Rojas Valencia quien según las versiones de prensa internacional recogidas en medios de la justicia venezolana, ha estado vinculada al cartel mexicano Los Zetas.
Todos esos graves antecedentes del país, tienen ahora a muchas regiones en ascuas. Colombia está impaciente y desazonada por cuenta del microtráfico que ha vuelto a la multipolarización a hacer justicia por su propia cuenta. El microtráfico tiene elevados los índices de homicidios en el país y la cuota regional es penosa y dolorosa, pero además cierta.